Estas son reflexiones sobre el AIKIDO escritas por los alumnos de nuestra Asociación, poniendo todo el corazón en ellas.
Reconocido como una de las artes marciales más sutiles y sofisticadas, no hay día en que el Aikido no me sorprenda con algo nuevo; siguiendo en el largo,largo camino del desarrollo interior y porque no exterior tambien y despues de años como profesor de yoga,descubro el aikido;las circunstancias y hechos de tal encuentro quizas no las pueda describir, pero me animo a decir que la acción de buscar y buscar respuestas o métodos de desarrollo me llevaron a lo que ahora se que es el do (camino) y lo que a primera vista parece ser un extraordinario método de defensa, resultó ser un sistema mucho más amplio y profundo para el desarrollo de la mente el cuerpo y la unificación del ser. Me gusta la acción y el pragmatismo y lo encuentro en el aikido. A simple vista parece ser un arte suave, blando pero a no engañarse, es bien sabido que lo suave vence a lo àspero,lo blando vence a lo duro,lo flexible a lo rígido,pero es en el tema de la energía donde la atracción que me produce este arte llena todas mis inquietudes; el universo es energía,todo lo que existe es energía,lo que llaman Dios es energía y no creo que halla otro arte marcial que ponga tanto énfasis en la energía como el aikido,que la centraliza,la mueve la expande,la unifica con el todo. Por eso creo que me proporciona un excelente camino hacia la espiritualidad.
Roberto Piccatto (2009)
“¿Y que tal con el aikido?”
Estábamos buscando una actividad vinculada a las artes marciales para mi hijito. Habíamos probado con otra (en otro dojo) y a pesar de que se anunciaba “para niños” resultaba muy competitiva. Mi niño, de MUY pocos años en ese momento, estaba en desventaja frente a otros de mayor edad.
¿Por qué buscábamos un arte marcial para un chiquito de tan corta edad? Dos razones principalmente: la primera, si bien yo nunca he sido atacado de ninguna manera y sólo he participado en tres peleas a puños en cuarenta años (y una de ellas de niño), albergaba un sentimiento de indefensión. La segunda, conocíamos la experiencia de otro niño de unos 12 años que había mejorado su actitud y autoestima en muy poco tiempo con la práctica de karate (¡he recogido mas ejemplos similares luego!!).
En mi ignorancia y ceguera frente a los carteles, entré por la puerta del dojo, preguntando por clases de “karate para niños”. Me atendieron muy amablemente y me invitaron a presenciar una clase de aikido. Fuimos en la noche con la familia. Al ver gente que caía “estrepitosamente” en el tatami el niño se asustó un poquitín. El arreglo fue este: yo mismo participaría de sólo un mes para que nos acostumbráramos todos y luego seguiría él…
Pues aquí estamos, después de mas de tres años, mi niño y yo (fascinado quien esto escribe) practicando aikido y una niñita de cuatro años que ya comienza a practicar y jugar en el tatami.
La respuesta a “¿y que tal con el aikido?” tiene varios matices. En principio he tomado conciencia de varias cosas dentro del lugar de práctica y fuera de él. Lo que veo dentro trato de observarlo fuera también. A veces caigo en la cuenta que camino encorvado y tenso, y mejoro mi postura. Otras, me encuentro pensando “¿Qué hago?” cuando me preparo para una maniobra peligrosa con el auto, me relajo y paso a “ceder inteligentemente”. Otras tantas veces me doy cuenta que hay situaciones que no puedo cambiar y que debo adaptarme a ellas. Y en muchas ocasiones trato de predisponerme y “exigirme” ser perceptivo de lo que me rodea… La mayoría de las veces me encuentro haciendo las cosas “como siempre” (complicado y aturdido) y tomando conciencia después, pero también eso es una mejora… ¡ya sabemos que no todo es tan fácil!!
Como decía: hay varios matices de respuesta a “¿que tal con el aikido?”. Creo que uno de esos matices me lo hizo ver un fukushidoín (que yo no conocía) que se ofreció a practicar conmigo en un seminario nacional. Nos encontrábamos uno frente al otro, próximos a iniciar el ejercicio que Sensei había indicado cuando preguntó:
– ¿Qué es lo primero que hay que hacer antes de empezar un ejercicio?
Mi cabeza comenzó a funcionar aceleradamente: mantener una buena guardia, estar alerta, verificar el mae, la distancia con el compañero-oponente, etc., etc. Pero aún así tardé en decidirme y responder algo… Debe haber visto mi seria concentración y lo que pasaba por mí en esos momentos porque él mismo dio la respuesta: “hay que sonreír”, dijo.
Pablo Arranz
Hola
Mi nombre es Mary soy practicante de AIKIDO desde hace varios años (el Sensei dice que yo empecé con Matusalén).
Me han pedido una reflexión y voy a referirme al sentimiento que provoca una practica hecha con entusiasmo.
Creo que trabajar en una clase junto a otros, logrando cada día algo mas en el dominio del ego, en el dominio del cuerpo, en mantenernos relajados, hace que una corriente de energía y afecto por el compañeros nos de un gran bienestar.
Ir logrando estas cosas requiere seguramente un esfuerzo mayor o menor según el talento de cada uno. Pero sabemos que intentarlo nos mantiene en el DO, el camino del aprendizaje.
No importa la edad o las condiciones físicas que tengamos, no hay competencia.
Lo importante en mantenernos en el camino.
Yo trato de hacerlo.
Gracias por leer esto.
Mary Peretti (2do.Dan)
Para mi el AIKIDO significa equilibrio ya que me sirvió para dominar mis impulsos siendo más calmo y esperando el movimiento del otro para decidir que hacer. Te da seguridad, te hace sentir a salvo, sin mencionar, el sentimiento de satisfacción que uno siente al superarse día a día. Lo mas destacable es la simpleza y la actitud de colaboración entre los practicantes, sin perder el respeto, que se va perdiendo día a día en la actualidad. Es una mezcla de sentimientos: poder, calma, superación y orgullo, un equilibrio entre ellas.
(Esta reflexión la escribió un practicante de la mañana que no puso nombre)
En realidad esta nota no la empiezo hoy sino hace ya dos años cuando mi hija comenzó la práctica de Aikido, algo para mí totalmente desconocido hasta ese momento. Veía que su entusiasmo iba en aumento a medida que avanzaba en sus clases y me preguntaba el por qué del mismo. Contaba entre otras cosas que las distintas graduaciones no se lograban mediante competencias como otras artes marciales sino a través de exámenes donde se ponía a prueba a la persona acerca de determinadas prácticas. Y me preguntaba el por qué de ésto. Durante el pasado verano tuve oportunidad de leer un libro que ella me acercó, escrito por, en ese tiempo, Sakanashi Masafumi Sensei y fue como si mi mente se abriera. La primera vez lo leí diría que en pocas horas, la segunda ya demoré bastante más porque me iba adentrando en los conocimiento de esa disciplina. La tercera vez fue mucho el tiempo que tomé para terminarlo porque desmenuzaba concepto por concepto. Ahí terminó mi acercamiento al Aikido. Así lo creí pero estaba equivocado porque al tiempo me encontré pensando en Aikido una y otra vez. Una conversación mantenida con Medina Sensei me terminó de decidir y hoy me encuentro con que ya llevo 4 meses practicándolo. Y espero por mucho tiempo más. Decir que estoy sorprendido es poco cuando veo los beneficios que estoy obteniendo. Si me quedara solo en la mejoría física estaría olvidando quizás lo más importante que es la espiritual.
Encontrarme con seres tan especiales como Medina Sensei y "Chiche" Sensei que me van adentrando en los principios de esta disciplina tan hermosa es un regalo que la vida me da. A eso debo sumarle el trato cordial, afable, dispuesto, generoso de todos y cada uno de mis compañeros para quienes no tengo más que palabras de agradecimiento por estar siempre dispuestos a colaborar conmigo. No es aquí el momento de dar nombres sino hacer notar que todos están en la misma senda: ayudar al compañero para que pueda aprender de la mejor manera posible lo que Sensei indica. ¿A tu edad? me preguntaron muchos cuando les dije lo que iba a hacer. Por supuesto que sí les decía. Debo dar gracias precisamente que a mi edad tenga la oportunidad de realizar un cambio positivo en mi vida.
Sensei, que estas pocas, resumidas y desordenadas pero sentidas palabras sirvan como testimonio de alguien que a los 57 años se animó a empezar algo que sin ningún tipo de dudas mejoró su calidad de vida. Quizás tuve la suerte de estar en el lugar y momento apropiados con la gente apropiada. No lo se. Por las dudas no dejé pasar la ocasión. No me arrepentiré nunca de la decisión tomada.
Medina Sensei, reciba Ud. el afectuoso saludo de su alumno
Roberto H. Urriza